Para muchos las palabras son como símbolos, pero para mi marido y para mí, siempre actuaron como pasadizos por los que penetrar en nuestro inconsciente. Esta modalidad de personas nos adentramos en nuestros Universos a través de ellas, por accidente, como Alicia cayó en el país de las maravillas. Pero en la vida real, a diferencia del cuento, hay quienes se quedan allí y no vuelven.
Carlos y yo solíamos rescatarnos el uno al otro con cualquier excusa. Nos sacábamos de los libros a casa sirviendo comida caliente sobre la mesa, cantando alguna canción, dándonos un beso en el momento preciso... pero aquel día, por un descuido mío, Carlos no volvió. Se coló a través de alguna de las palabras de Huxley y no llegué a tiempo para recuperarlo. Me dejó su cuerpo vacío, cómodamente sentado en el sillón de orejas. Estábamos unidos de verdad, eso nunca nos dio miedo, por eso, al precipitarse, me descuajó de más de la mitad de la que yo era y se la llevó con él. Casi no me reconozco. Desde entonces, mis restos le escriben.
